La industria agroalimentaria francesa
Un determinado arte de vivir
En el extranjero, el arte de vivir “a la francesa” es apreciado, buscado e incluso envidiado… ¿Es por nuestra cultura? ¿Por nuestro patrimonio, nuestra gastronomía? ¿O quizá por nuestro clima? Es por todo ello a la vez. El modelo culinario francés, al que nos gusta referirnos como "la cultura alimentaria francesa", ocupa un lugar evidente en la percepción que tienen los extranjeros sobre Francia, que califican como el país del arte de vivir. Este atributo descansa sobre bases culturales muy específicas y profundamente arraigadas.
Una cultura alimentaria profundamente arraigada...
Evocar la cultura alimentaria es, ante todo, hacer referencia a los productos alimenticios franceses, a las regiones a las que éstos están vinculados y a la estrecha relación que mantienen los franceses con ellos. En Francia, cocina y alimentación son una fuente de placer fuertemente consolidada en las costumbres. Elaborar un menú, jugar con los sabores, acariciar las papilas gustativas, compartir emociones y una memoria culinaria que viene de familia son virtudes intrínsecamente ligadas a nuestra identidad.
La comida: un momento especial
El principal símbolo de este arte de vivir, la comida, continúa siendo (con su dimensión de lo que significa compartir) un momento privilegiado para la transmisión de valores y la creación de vínculos sociales. Las tres comidas diarias, un componente específico del modelo alimentario francés, siguen la evolución de los modos de vida: hoy en día son más breves, más sencillas y más adaptadas a la búsqueda de lo práctico. Continúan basándose en la exploración del gusto y en el concepto del equilibrio nutricional, y siguen constituyendo un espacio propicio para la educación para la vida en sociedad y para la alimentación.
En paralelo, la cocina festiva y más “gastronómica”, de carácter más ocasional y centrada a menudo en torno al fin de semana, se consolida como una práctica social importante sin perder su dimensión de convivencia en torno a la mesa. El concepto de placer en la alimentación es fundamental para los franceses: cocinar es entregarse, y comer es compartir.
Una gran atención a la selección de productos...
Los franceses prestan gran atención a la selección de los productos, preguntan por el origen de éstos, se inclinan por productos de calidad (tanto en términos sanitarios como sensoriales) y aprecian la variedad. Riqueza y diversidad de sabores, por su parte, se perciben como elementos ineludibles de una cocina de calidad y como garantía de equilibrio. En la mesa se habla de lo que se come, de lo que se ha comido, de lo que a uno le gustaría comer o no… es un momento de intercambio de pareceres y opiniones, de descubrimiento de productos y de su historia.
Fruto del talento y de los conocimientos de las personas, así como de la riqueza de los territorios, la alimentación conserva un lugar preponderante en el arte de vivir a la francesa.

